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Martes 06 de Julio de 2010
La Valleja, pionera del ecoagroturismo en España, por Miguel Martín Álvarez
Paula en La Valleja.Paula Valero forma parte de ese pequeño grupo de pioneros que en los años 80 en España se lanzaron a poner en práctica sus sueños en el medio rural y en el entorno natural. Formó parte de la mítica asociación ecologista AEPDEN, también colaboró con Grévol, luchó para que Cabañeros fuera el espléndido espacio natural que es ahora, trabajó como fotógrafa freelance, montó junto a su compañero una ganadería de un centenar de cabras, se asociaron a una cooperativa para vender su leche, después se adaptaron a la ganadería de oveja lacha, montaron una mermeladería, un alojamiento de agroturismo… Una historia tejida con los mimbres de la búsqueda de la felicidad que sólo la vida en la naturaleza puede ofrecer.

Desde tus vivencias, desde tu experiencia de casi 25 años, ¿qué vías de desarrollo pueden tener estas comarcas de montaña del Oriente asturiano?
A mí me ha quedado clarísimo una cosa: la diversidad. Es decir, en estas zonas dedicarte a una sola cosa es un riesgo importante. La gente que estaba exclusivamente con ganadería de leche, y no se había planteado otra cosa, de repente vio el bajón de las cuotas, que aumentaban las exigencias sanitarias, que lo de siempre ya no valía, etc. Las personas que habían apostado por la diversificación, que tenían pequeñas queserías, que tenían alojamientos de turismo rural, que tenían agricultura… fueron las que tiraron hacia delante.

¿Apostaste desde el principio por el turismo rural?
No. Nosotros en principio tiramos por el tema de la mermeladería casera de agricultura ecológica (La Casuca de Pastorias). Compramos una pequeña casita de 40 m2 y entre dos plantas teníamos todo: en la planta de abajo el obrador y en la de arriba la envasadora y el material. Empezamos más o menos al mismo tiempo que otros pocos proyectos que ahora subsisten.

Supongo que la relación con esos proyectos análogos es estrecha.
Nosotros no decimos que tal proyecto ‘me vende’ tal producto que yo produzco aquí. Nosotros vivimos los proyectos de otra gente que trabaja por lo mismo que nosotros. Yo todo lo que tengo aquí, que vendo de otra gente, sé exactamente cómo es su proyecto. De esa forma haces un apoyo especial. Un apoyo a algo que está empezando a desarrollar o que ya está llevando a cabo. Apoyas conscientemente una labor que es fundamentalmente sostenible y que la conoces perfectamente.

¿Cuándo llegó la idea del proyecto de ecoagroturismo de La Valleja?
Surgió indirectamente porque lo que necesitábamos era terreno para hacer una plantación considerable de frutos para la mermeladería. Y esta casa de La Valleja la vendían junto a 4 hectáreas de terreno, todo en el mismo paquete. Así que nos planteamos hacer un proyecto completo en 1996 aprovechando la casa que venía incluida: recolectores, productores, transformadores y servicio de agroturismo. Estuvimos casi 10 años dedicados a la ganadería y después fuimos haciendo un proceso de transformación paulatino a una economía más diversificada. Claro, el proyecto así conlleva mucho tiempo y energía: te dedicas a ser agricultora, a ser productora y a llevar un alojamiento de turismo rural.

He visto que le das un valor especial a la agricultura.
La agricultura siempre ha sido como lo más importante. Si yo estoy en la huerta y alguien viene y me pregunta si estoy currando le digo que no. Para mí es mi ocio, la parte más divertida de lo que hago. Tengo media hectárea de pomarada (6.000 kilos de producción, cinco variedades de manzana para sidra y zumo de manzana) y unos 350-400 m2 de huerta, para dar comidas en la casa de turismo, para algunos de los productos que hacemos y para los cursos que hago de conservas: mermeladas de cebolla, de berenjena, de pimientos verdes, etc.

Y a partir de ahora, que el proyecto inicial conjunto de La Casuca de Pastorias y La Valleja discurren ya separados, ¿cómo o hacia dónde quieres evolucionar?
Lo que quiero actualmente es una dimensión asequible. Si antes estaba metida en muchos proyectos, ahora quiero centrarme y fomentar el tema de la agricultura ecológica y de la recogida de frutos silvestres. Para mí ahora eso es fundamental. Por un lado, que autoabastezca la casa y que autoabastezca los cursos o talleres de formación en agricultura ecológica que doy. Y por otro, me atrae –bueno, y siempre me ha atraído- el tema de los frutos silvestres. El hombre como recolector. O, sobre todo, la mujer. Desde la prehistoria, las mujeres eran recolectoras especializadas. Y a mí eso de ir a por castañas, a por saúcos, a por moras, a por peruyos, me parece maravilloso. Revalorizar esos productos que ahora mismo no hay casi nadie que te los compre. Así, tengo toda esta zona dada de alta por el ayuntamiento, por la consejería, como zona de recogida de frutos silvestres. Creo que es la base para entender lo que es vivir en el campo: la recolección de lo que te brinda la naturaleza. Y, por el otro lado, la casa rural enfocarla también a este tema de la agricultura ecológica.

Es que el enfoque que hemos visto de La Valleja es muy de ecoagroturismo.
Sí, esta casa rural no es sólo un alojamiento rural, es una casa vinculada a una serie de proyectos y de ideas en lo que lo ecológico es el eje fundamental. Para mí, sino no tendría sentido. Me costó tiempo entrar en ello y darme cuenta que podía ser un vehículo más para desarrollar mis ideas en agricultura, mis ideas de una vida rural. Se trata en definitiva, en efecto, de ecoagroturismo, que para mí tiene un significado muy claro y vinculado a mi aspecto de productora y a mi aspecto ecológico. Y cuando viene gente a hospedarse que no está vinculada a todo lo de medioambiente, que podríamos decir que no está concienciada, y se siente atraída y le llama la atención este enfoque es cuando tienes la oportunidad de hacer educación ambiental y es una vía que te alegra enormemente.

Después de tanta polémica en toda esta región, ¿quedan lobos en la Sierra del Cuera?
Nada, ni uno. Los eliminaron. Tampoco llegaron tantos, una docena de individuos jóvenes procedentes de Picos de Europa. Me vi personalmente muy afectada como ganadera, eliminó prácticamente nuestra cabaña. Tenía una gran contradicción entre mi parte ecologista y mi parte ganadera. Presionados por los ganaderos, se plantearon en el Gobierno del Principado que el Cuera iba a ser una zona libre de lobos. Estando aquí al lado los Picos de Europa el planteamiento era claro: o Cuera o Picos. En la Sierra del Cuera no había habido lobos desde el año 57 o 59, más o menos, así que no había cultura del lobo cuando llegaron en estos últimos años. Así que la gente estaba muy cómoda en la sierra, subía el ganado y no tenían que hacer nada más. Nosotros incluidos, porque además teníamos que realizar otras actividades aquí abajo. Por tanto, la gente ya no tenía que hacer pastoreo y desapareció totalmente la actividad pastoril en toda la zona. Así que el ganadero y el pastor de aquí se metieron a otras actividades, casi todos entraron en el boom de la construcción, era dinero rápido. Digamos que se instaló en ellos una mentalidad si no urbana, sí de ‘progreso’. Y se olvidó un tanto la base del sistema de vida en esta zona: el pastoreo, la ganadería, las manzanas, la leche, el queso, la carne…

Miguel Martín Álvarez (runa.experiencias@felixrodriguezdelafuente.com)

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