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Abril
25
vie
2008
De sus padres y de su pueblo
Melchor Fernández Díaz. LNE

El joven profesor llegaba al pueblo minero en un viejo tren. La tarde era gris. Llovía y la bruma se posaba sobre las montañas. Al otro lado de la estación se amontonaba el carbón. Un poco más allá se perfilaba la silueta del colegio donde impartiría claseÉ La escena literaria, rescatada de la memoria en trazo grueso, sin ningún rigor, es el arranque de la novela «Mientras llueve en la tierra» del entreguín José María Jove, con la que fue finalista del premio «Nadal» allá por 1953. La estación era la de La Oscura; el colegio, el de las monjas; el pueblo, El Entrego; la comarca, la cuenca del Nalón; el ambiente, el de una degradada zona industrial, entre minas y siderurgia.

La novela fue descubierta para muchos entreguinos por Melchor Fernández Díaz, periodista, que hoy recibe el homenaje de su pueblo, El Entrego, y de su concejo, San Martín del Rey Aurelio, que le reconoce como hijo predilecto. Es un gran honor que tus vecinos y tu municipio quieran corresponder al entusiasmo, la devoción, la dedicación, el estudio y la ingente labor de promoción que Melchor siempre ha realizado de su localidad natal.

El amor de Melchor por El Entrego se sustenta en dos pilares, que son el fundamento sólido que ha guiado su andadura vital: no olvidar nunca de quién es ni de dónde viene. Tal vez porque reconocer que eres de tus padres y de tu familia ayuda a no perder el paso en el camino, y tener presente de dónde se viene, a no extraviarse en la andadura.

No pretendo ser imparcial en estas líneas. Reconozco mi profunda admiración profesional y mi cariño personal por Melchor. Me dio la primera oportunidad de escribir en un periódico, me ayudó a ser periodista y trabajo a su lado desde hace más de veinte años. Me considero uno de los suyos. Pero por encima de los sentimientos, este homenaje es justo y bien merecido. Lo recibe, además, como un paisano, bajo el concepto asturiano del término: hombre bueno, justo, leal y de palabra. Sé también que le llena de orgullo.

Fiel a sus principios, Melchor regresa a disfrutar de su pueblo y de sus gentes. San Martín del Rey Aurelio le elige como uno de sus hijos predilectos. El Entrego está de enhorabuena.

Fuente: La Nueva España - Mario Antuña
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