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Agosto
14
mie
2019
Los premios Pico Peñamellera en su 25.º aniversario
Jurado de los XXV Premios Pico Peñamellera

Los premios “Pico Peñamellera” cumplen 25 años. Parece que fue ayer cuando empezamos, en 1995, pero este año celebramos ya nuestro 25.º aniversario. Cumplir 25 años, con buena salud, es para cualquier institución un motivo de alegría. Pero no solo por aquel lema que hizo famoso el gran Camilo José Cela, “el que resiste gana”, sino también porque hemos demostrado algo que ya dijo el poeta Ovidio hace bastantes siglos: “La gota horada la piedra, no por su fuerza sino por su constancia”.

La vida de muchos de nuestros amigos y conocidos nos demuestra que una sucesión de pequeños esfuerzos y el empeño en llegar al final es un valor que siempre obtiene resultados. Celebramos sobre todo el éxito de haber tenido gran voluntad en todas aquellas cosas que nos hemos propuesto, y eso que, a medida que han pasado los años, hemos aumentado el número de actividades y en muchos casos los objetivos de cada actividad.

Pero seamos sensatos, hoy llegamos solo a una meta volante; o sea, “un feliz escalón para la siguiente conquista”, que diría Jorge Valdano.

Nuestro gran lema ha sido y seguirá siendo trabajar en apoyo y defensa del deporte de los bolos: del federado, del no federado, del ocasional, del arraigado, del que pasaba por allí... Seguimos pensando como ese gran asturianista que yo cito con frecuencia, González Cobas, que decía que “los bolos pueden estar olvidados pero no perdidos”.

Hemos intentado manifestar nuestro apoyo fundamentalmente con la creación de los premios “Pico Peñamellera”, que han sido como nuestro carné de identidad y que valoran la labor de los jugadores. Pero también hemos querido valorar la labor de los que han dedicado mucho tiempo y muchas energías a estudiar sus antecedentes históricos y a todos aquellos que han divulgado sus valores culturales, sociales, emocionales… Además, hemos aprovechado los premios para hacer un reconocimiento social a muchas personas que no habían tenido el reconocimiento de nadie a pesar de haber trabajado muchas veces en condiciones de indiferencia e incomprensión. Y también para transmitir a los demás que la labor de estas personas no solo ha aportado a nuestra sociedad algo valioso y digno, sino también necesario, como se puede apreciar leyendo el exitoso libro “La utilidad de lo inútil” en el que el profesor universitario italiano Nuccio Ordine aborda cuestiones y preocupaciones similares.

También hemos colaborado impulsando la creación del Museo de los Bolos de Asturias, inaugurado en Panes en el año 2003, después de un proceso bastante triste, que empezó con algunas dudas en el año 1996 del siglo pasado. Después de recorrer Asturias varias veces y cuando ya casi habíamos tirado la toalla, a pesar haber puesto mucho en el envite, una habilidosa e inteligente gestión de José Luis Villaverde Amieva, entonces jefe de servicio de Museos, Archivos y Bibliotecas del Principado, permitió que se pudiera llevar a cabo.

Y hemos publicado durante estos 25 años la revista “Bolera”, que nació con otras ambiciones pero que, a pesar de ello, se ha mantenido en el tiempo. Creo que ha sido positiva no solamente para el deporte de los bolos, sino también porque gracias a ella han quedado reflejadas para la pequeña historia de nuestro concejo cantidad de artículos que en el futuro tendrán un gran valor.

No sé qué pasará con nuestros bolos en el futuro. A pesar de nuestro optimismo, a veces tenemos que reconocer que, salvo varios islotes, el mar de los Bolos Asturianos está muy incierto. Pero sería poco perdonable no dejar documentado para las generaciones venideras esta manifestación lúdico-deportiva que forma parte de nuestra cultura, que lleva con nosotros más de 500 años históricamente demostrados y que es el gran deporte tradicional, aunque ya no sea el más popular.

Creo que la asociación ha contribuido al reconocimiento de que los bolos asturianos hayan sido declarados Bien de Interés Cultural con Carácter Inmaterial. De ninguna forma quisiéramos quitarle a la P.B. Ribadesella Cuatreada el mínimo mérito en la propuesta, pero quisiera recordar que ya en el año 1998, en mi discurso de entrega de los premios, dije, y cito textualmente: “En breve la Asociación Bolística ‘Pico Peñamellera’ solicitará de la Asamblea Municipal de nuestro concejo que realice los trámites correspondientes para que se solicite a la UNESCO el reconocimiento para los Bolos de Patrimonio de la Humanidad”. Alguien nos aconsejó que intentáramos ir más despacio, pero nuestra vocación quedaba clara ya. Además, hemos intentado poner en valor la trayectoria del Museo aún a pesar de contar con unos muy limitados medios. Un montón de actividades a nivel local, regional y nacional, algunas muy importantes, conforman un programa de actividades muy ambicioso en el que hemos contado muchas veces con la colaboración de la Asociación “El Cantu la Jorma”, una asociación que ha trabajado con gran intensidad y acierto por los bolos en los últimos quince años en nuestro concejo

Hemos sido coherentes con el anuncio que hicimos en su día de que haríamos unos premios abiertos a todas las modalidades asturianas y cántabras. Aunque podrían estar abiertos a otras modalidades españolas, creo que no merece la pena por su marcada vocación astur-cántabra. Después de aclarar ideas, Melchor Fernández Díaz, por aquel entonces director de LA NUEVA ESPAÑA y primer presidente del jurado en 1996, nos convenció de que eso era lo más oportuno e inteligente, y, visto lo visto, tengo que decir que fue un buen asesor en esto y algunas cosas más.

Hoy quisiera también ser agradecido en nombre propio y en el de la Asociación “Pico Peñamellera” y agradecer al Ayuntamiento, la junta directiva, a los socios, vecinos, entidades, empresas, miembros de los jurados, glosadores, asesores, medios de comunicación, a Cecilio Fdez. Testón por tantas cosas, a Paco Cuétara…, su colaboración desinteresada durante todos estos años. Y que nos perdonen aquellos de los que nos hayamos olvidado. Este agradecimiento no quisiera que fuera hoy una cosa puntual, convencional, porque toca. Quisiera darle continuidad en el tiempo y ojalá que lo podamos y sepamos cumplir.

Finalmente, también me gustaría reconocer que ha habido objetivos que no hemos podido cumplir, a pesar de haberlo intentado, como hacer una peña con una estructura deportiva seria, competitiva, con una base social aceptable; darle continuidad al encuentro anual en Panes entre Asturias y Cantabria. Pero no ha sido por falta de ganas o interés. Lo que se intenta de verdad, aunque no se consiga, siempre debe figurar en el haber.

Hoy recibirán nuestro reconocimiento, el del mundo de los bolos, en la ceremonia de entrega de los XXV Premios “Pico Peñamellera”, Isidro Álvarez González, “El Coloso de Carabanzo”, uno de los más grandes jugadores de cuatreada, la modalidad más practicada en Asturias; Antonio Rugarcía Cosío, una de esas personas que siempre han estado abiertas a colaborar con los bolos, con todos: con los de los buenos, los de los malos, los de los regulares, los de categorías menores, los de las chicas…, y Antonio Gómez Núñez, un excelente jugador de bolo palma que ahora se dedica a descubrir el talento de niños/as que quieran jugar a los bolos para luego ayudarles a ejercitarlo con tenacidad y más tarde madurarlo.

Ellos serán hoy los protagonistas. Serán el altavoz de la familia bolística, que hoy tendrá un importante amplificador formado por el patrimonio de los premiados que tengan a bien asistir. Todos ellos forman el gran patrimonio de los premios porque ninguno de ellos se hizo más grande con el premio, pero el premio se hizo más grande con cada uno de ellos. Intentaremos hacer una foto de recuerdo en la fachada principal del Museo de los Bolos de Panes, desde el que partiremos, a las 19.30 horas, para bajar por el itinerario bolístico hasta el Ayuntamiento de Peñamellera Baja, donde a partir de las 20.00 horas comenzará el acto final, la ceremonia de entrega de premios, en la que Manolo Calleja, expresidente de la Federación de Bolos del Principado de Asturias, glosará la figura de Isidro Álvarez; Esther Canteli, periodista y escritora, la de Toño Rugarcía, y el historiador e investigador del mundo de los bolos Julio Braun, la de Toño Gómez.

Fuente: La Nueva España - Isidro Caballero
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