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Abril
22
vie
2011
Benito Fernández Llamazares, heptacampeón de Asturias de bolo palma
Benito Fernández Llamazares

SEGÚN EL DICCIONARIO de la Real Academia, el juego es un ejercicio recreativo sometido a reglas en el cual se gana o se pierde. Por su parte, “el deporte es definido como un conjunto de situaciones motrices e intelectuales que se diferencia del juego en que busca la competición con los demás o consigo mismo, en que precisa unas reglas concretas y en que está institucionalizado”.

¿El juego o el deporte de los bolos, o ambas cosas a la vez?

Benito Fernández Llamazares, nacido en Alles el 12 de marzo de 1972, pertenece a la generación de jugadores de bolos, de bolo palma, que estando en la cima, está llamada a ser, tal vez, la última generación que franquee esa tenue línea divisoria entre el juego y la práctica del deporte. Importan las palabras, los bolos han emigrado, también, del campo a la ciudad.


¿Cómo nace tu afición a los bolos, tuvo algo que ver tu padre –Benito Fernández Enterría, único jugador no cántabro que atesora dos campeonatos de España de primera categoría-, además de haber crecido en el gran ambiente bolístico que había en Alles hasta hace treinta años?

Sí, fue la clave, pero, además, aquí, cuando era pequeño, jugábamos a los bolos porque era prácticamente a lo único que jugábamos, a los bolos y al fútbol. Cuando acabábamos en el colegio por el mes de junio, era estar todo el día metidos en la bolera. En aquella época jugaba a los bolos todo el mundo y, de pequeños, era lo que nos divertía de verdad. Ya con diez u once años empezaron a llevarnos a algún concurso de los que se organizaban por Llanes, en Pancar, en Noriega, en Panes, incluso fuimos a zonas cercanas de Cantabria, a Puentenansa, también a Torrelavega.


Para un niño de aquella época, tener la bolera al pie de casa debía de marcarle la agenda de una manera definitiva…

Cuando nos levantábamos, lo primero que hacíamos era saltar a la bolera. Desde las nueve y media o diez, toda la mañana; luego nos íbamos a comer y volvíamos porque la bolera era el núcleo de reunión. Jugábamos a ratos, fútbol y bolos…


¿Soñabas que algún día llegarías a ser un gran jugador?

Yo creo que de pequeño esas cosas no se piensan, no importan, no te das cuenta…, jugábamos porque nos divertíamos con los bolos. Hoy los niños juegan con una play, o están delante de un ordenador, o viendo un DVD; de aquella, los bolos eran la diversión.


Y el juego, poco a poco se convirtió en algo muy serio…

En Alles las personas que hicieron de animadores fueron mi padre y Luis Ángel Sánchez Villar —hoy la Casa de Cultura lleva merecidamente su nombre—. Luis Ángel pasó muchísimas tardes con todos nosotros. Aprendías con él de todo, en cierto sentido nos educaba. Tenía su disciplina, nos decía cómo había que estar cuando se estaba dentro de la bolera.”


¿Tuvisteis los chavales de la época algún tipo de enseñanza técnica —cómo agarrar la bola, cómo aproximarse a los bolos— por parte de algún adulto?

Sí, claro, Luis Ángel y mi padre; ellos sabían cómo jugar, nos rectificaban y corregían cosas. Después ya…, lo demás viene jugando.


¿Cuál fue el primer concurso que ganaste?

Tengo por casa una foto que imagino que es de algún concurso en Alles, por la fiesta. Creo que fue el primero. Aquí siempre hubo concursos, y un año participé en el concurso de las Peñamelleras. Fíjate la cantidad de gente que jugaba de aquella; había gente en todas las categorías, desde los más pequeños a los veteranos. Era muy bonito, estamos hablando de benjamines, alevines, infantiles, juveniles, aficionados federados y sin federar, de segunda y de primera categoría, y veteranos, ¡nueve categorías! Ahora eso es impensable.


¿Y los primeros campeonatos importantes?

Los campeonatos oficiales tardaron bastante. En el ochenta y seis o ochenta y siete quedé en Colombres subcampeón de España. Después, en el noventa, fui campeón de España juvenil y campeón de Asturias.


Además de tu padre, en México tenías a tu tío, Ángel Fernández, que fue otro gran jugador…

Sí, por lo que cuentan… Yo nunca lo vi jugar. Creo que había grandes desafíos en México, y allí se llevaba la palma.


¿Qué tal fue tu experiencia en América?

En 1991 hice un viaje a Chile y luego a México. El Centro Asturiano organiza un viaje todos los años. En México hubo mucha afición y tenía su público, pero, como aquí, ha ido decayendo. Es el paso del tiempo, la forma de vivir, las familias iban al Parque Asturias a pasar todo el día… Ya no queda el arraigo que hubo. Así se mantenía el grupo, los recuerdos, y se jugaba a los bolos.


¿Qué sensación recuerdas de aquellas boleras?

Lo que más se notaba era la altura. No sabías qué te pasaba, por qué te cansabas tanto. Costaba llegar las bolas, pero las boleras estaban bien arregladas. En Chile no noté nada de eso. Mi recuerdo de Chile es fabuloso. Cuando fui tenía 19 años, veía el mapa, “esto está lejísimos”. Iba con jugadores de Cantabria, no conocía a nadie, pero me acogieron de una manera increíble, hay mucha gente de Panes. Fuimos a jugar el Campeonato del Mundo, había gente de España, México, Venezuela, Argentina… Para sorpresa de todos, quedé segundo, me ganó Lucas Arenal… La gente estaba loca, querían que ganara yo por ser asturiano.


Y empezaron a llegar los títulos…

Tardé en arrancar. He sido campeón de Asturias siete veces, cinco seguidas y otras dos. Lo máximo que he conseguido ha sido ser dos veces cuarto en el Campeonato de España. Llegar ahí es otra cosa….


¿Se juega mejor hoy que en tiempos de los viejos maestros?

Ahora hay una media de bolos mucho más alta. Jesús Salmón y Óscar González están batiendo todos los récords. Las boleras están mejor preparadas, es evidente, pero estos jugadores están pulverizando las cifras.


Mejores condiciones y mucho talento…

Claro, la gente está más preparada. Se trabajaba muy duro y luego había que jugar. Hoy la vida es menos dura y la gente se prepara y entrena más.


¿Se puede vivir de los bolos?

No, puede ser un pequeño complemento. Jugamos por gusto, por afición. Hay un pequeño grupo que sí puede ganar bastante. Ojalá pudiéramos ser profesionales.


Juegas en la “Peña Bolística Casa San Pedro”, de Torres, cerca de Torrelavega…

Sí, ha empezado la temporada antes que nunca, en la primera semana de marzo. Se debe al exceso de competiciones. La temporada termina a últimos de octubre, se hace largo”.


¿Se llega cansado?

Cansado física y mentalmente, estás deseando desconectar… lo contrario que cuando vienes del invierno, deseando que lleguen los días buenos en febrero. Esclaviza un poco, todos los fines de semana desde Reyes.

Supone un sacrificio que mucha gente no ve, aunque se recompensa por otro lado. Sabes que los fines de semana no te puedes ir de viaje o, simplemente, no hacer nada.


El año pasado batiste el récord de la bolera de Alles en el Memorial Senén González, pero la victoria se te resiste…

Sí, hice 157 bolos. Llevo muchos años jugando el Senén González y no suelo tener mucha suerte. Coincidió que el año pasado jugué bien, pero no pude ganar. Me ponía nervioso antes, con la experiencia se gana temple, le experiencia en los bolos vale mucho.


Fuente: El Oriente de Asturias - Redacción
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